Cuentos para seguir viviEMdo. "La cebolla hace llorar"

El otro día me sucedió algo increíble, estáis en vuestro derecho de no creer lo que ahora os voy a contar, pero espero un acto de fe.

Se acercaba la hora de hacer la comida, así que me dejé caer por la cocina a ver qué se me ocurría, al abrir la nevera en busca de inspiración una cebolla pegó un salto desde su estante y salió corriendo usando sus decenas de raíces como patitas; la puerta de la cocina estaba cerrada así que se llevó un golpe que me dolió hasta a mí y la dejó inmóvil en el suelo (desconozco si las cebollas tienen buena visión, pero tras lo ocurrido imagino que no demasiado)

Cuando reaccioné me acerqué y la cogí con la mano, entonces con una aguda vocecita comenzó a gritar: ~ ¡déjame marcharme, suéltame humana!

Yo no daba crédito ante una cebolla que me reclamaba la libertad, asustada la lancé a la mesa y me alejé quedándome pegada a la encimera; era una cebolla, lo sé, pero si había conseguido correr y pronunciar algunas palabras no sabía de qué más sería capaz aquella hortaliza.

Observaba atónita lo que estaba ocurriendo, la cebolla se acercaba a los bordes de la mesa y hasta parecía que intentaba medir la altura de ésta.

La situación era suficiente para asumir que había perdido el norte, pero lo siguiente que hice ya fue para encerrarme en un manicomio, alcancé decir unas palabras con voz temblorosa, fueron~ "¿Qué haces?"

~ Quiero marcharme de aquí, el tomate me lo ha contado todo~ Su vocecita tenía un tono que mezclaba tristeza y rabieta.

Yo había llegado a un punto en el que no me importaba parecer un poco más loca si cabía, por lo que proseguí con la conversación.

~ ¿Qué te ha dicho? ¿Es por lo de que sois comida?
~ No es eso, ser comida es un orgullo para nosotros; desde que estaba en la huerta hasta que me escogiste en la frutería yo no podía parar de entusiasmarme con la idea de formar parte de un plato. Cuando se lo conté al tomate el otro día, me dijo lo que iba a pasar, que te iba a hacer llorar cuando me cortaras.

La situación ya me parecía totalmente normal y estaba empatizando con aquella cebolla.

~ Lo sé~ le dije~ no eres la primera, debes creerme cuando digo que me valen la pena unas lágrimas, me encantas~ intenté consolarla.
~ Pero yo no quiero molestar, me siento mal sabiendo eso.
~ No sabes cuánto te entiendo... a mí me pasa mucho, doy problemas sin querer, pero he entendido que pese a todo me escogen. Yo podría haber comprado un puerro, por ejemplo, pero aunque me puedas hacer llorar un poco es más lo que me das de lo que me fastidias.

Me acerqué a la mesa, tendí la palma de mi mano en el borde y la cebolla se subió a ella.

~ No te preocupes por nada, todo va a ir bien~ dije para tranquilizarla mientras con mi dedo índice la acariciaba.
~ Sólo espero tener un sabor delicioso y que tus lágrimas no sean en vano~ habló por última vez.
~ Simplemente tienes que ser como eres, por eso te escogí en su momento. Hoy vas a acompañar a la lechuga, tú sola, sin tomates entrometidos.

Saltó de mi mano y rápidamente se colocó sobre la tabla de madera, por fin había llegado su gran día.

IMAGINO QUE TODOS/AS NOS HEMOS SENTIDO COMO ELLA ALGUNA VEZ Y NO HEMOS VISTO MÁS ALLÁ DE LOS INCONVENIENTES QUE PODAMOS DAR EN MOMENTOS PUNTUALES, OLVIDÁNDONOS DE QUE PESE A TODO MUCHOS/AS QUIEREN QUE SIGAMOS APORTANDO SABOR A ESA ENSALADA QUE ES SU VIDA

PAULA PEREIRA

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